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Magdalena Saavedra fue destrozada del cuerpo, pero no del alma, sobreviviente narra a la tortura y violación de marinos

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12/03/2019

Reportera: Dentro de tu caso también hubo abuso sexual

Magdalena: Sí y fue muy fuerte.

Reportera: Pudiste identificar ¿cuántos elementos?

Magdalena: No puedo decir el número porque primero para mí es muy difícil describirte si en ese momento cuántos fueron, primero porque estabas vendada, segundo estaba sola y lo único que te puedo decir es que se escuchaban demasiadas voces de hombres, y fue una y otra vez, es algo muy duro.

Reportera: ¿Qué sentiste?

Magdalena: Te acaba la vida, tu dignidad se va, pero nomas por un rato, mira siempre he pensado que el daño me lo hicieron esos hombres, desconozco el número, y que mi estructura física la pudieron dañar, pero mi esencia, mi ser, jamás, y mi dignidad no voy a permitir que me le tiren, ni me la enloden, por eso es que ahorita yo pido que se me limpie mi nombre, pido que las autoridades actúen conforme a derecho.

Ella denunció a sus aprehensores, esos que firmaron en su detención ya que sus rostros no los vio nunca, pero desde 2014 no ha obtenido información sobre el avance en el caso.

“La Semar ha sabido hacer su trabajo, de cómo tapar todos los malos elementos, porque yo no estoy en desacuerdo, ni estoy diciendo que todos los elementos son malos, pero sí hay elementos pésimos, que hacen el tipo de cosas como las que mí me hicieron. (…) Imagínate siguen en las calles, siguen trabajando, y ahora más van estar saliendo, y no hay una depuración de esos elementos que está pasando”.

Después de más de 11 horas de tortura y con la amenaza de ir contra una de sus hijas Magdalena fue obligada a firmar su culpabilidad en el caso, y trasladada a la Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada, de ahí fue recluida en el Cefereso #4 en Tepic, Nayarit en el área de máxima seguridad.

“Ahí si te hacen ver lo que es una prisión de una manera tan cruda, porque está dirigido por mujeres que lamentablemente esas mismas mujeres son despiadadas con nosotras”.

“Es una cárcel, tras cárcel, los Ceferesos, me da pena decirlo porque está liderado por mujeres, pero son una porquería”.

El aislamiento era una de las torturas que practicaban en este lugar. En cuarto de 2×3 en el se encontraba una cama, un mingitorio y un pequeño escritorio, además no había mantas o alguna cobija para cubrirse del clima, solo el uniforme que les proporcionaban.

“No te hacen caso, te tratan como un animal”.

Ahí, no era la única que vivía condiciones infrahumanas, sus familiares viajaban hora para solo poderla ver a lo mucho una hora, además del riguroso procedimiento al que eran sometidos. Después fue trasladada al Cefereso 16 de Morelos donde las condiciones mejoraron.

“Te estoy hablando que casi dure tres años sin ver lo que es una televisión, ese día, son de las cosas tristes, porque como era posible que después de casi tres años íbamos a ver televisión, no podía creer que era una televisión, que era una pantalla, yo no podía creer que estábamos viendo televisión abierta”.

Se acercaba la esperanza

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