Lo que hace menos de un año fue presentado por el alcalde Enrique Galindo Ceballos como un símbolo de modernidad, inversión y proyección global para la capital potosina, hoy se desploma. El vuelo directo San Luis Potosí–Atlanta, presumido con bombo y platillo por el Ayuntamiento como uno de sus grandes logros, dejará de operar a partir de mayo.
La cancelación no solo representa la pérdida de una conexión estratégica con uno de los aeropuertos más importantes del mundo, también exhibe la fragilidad de una política basada más en la fotografía y el discurso que en proyectos sostenibles de largo plazo.
En junio de 2025, Galindo apareció como protagonista de la inauguración de la ruta, agradeciendo a empresarios, cabildo y aerolíneas por “creer en San Luis”. Incluso se comprometió públicamente a sostener este logro como parte del posicionamiento internacional de la ciudad. Hoy, menos de un año después, ese discurso quedó en tierra.
Aunque el alcalde ahora intenta matizar el golpe señalando que la suspensión “no depende del municipio”, fue su administración la que convirtió el vuelo en bandera política y narrativa de gobierno. Lo vendieron como un puente comercial con Estados Unidos, una puerta al turismo de negocios y una muestra de que la capital avanzaba a otro nivel.
La realidad es otra: el proyecto no resistió.
Las explicaciones oficiales apuntan al alza internacional en los combustibles y a ajustes de Aeroméxico, pero el impacto político ya está hecho. La llamada visión global del Ayuntamiento pierde uno de sus emblemas más visibles y deja preguntas sobre cuántos de sus anuncios tienen realmente sustento más allá del evento inaugural.
En una ciudad donde abundan problemas de movilidad, seguridad y servicios básicos, la caída del vuelo a Atlanta se suma a la lista de promesas vendidas como éxitos inmediatos, pero incapaces de sostenerse con el paso de los meses.
Para muchos, el mensaje es claro: otro proyecto de relumbrón que duró menos que la propaganda municipal.


