En Estanzuela, Mexquitic de Carmona, Doña Toña es reconocida por ofrecer un producto muy distinto a lo típico en las grandes ciudades.
Por Luis Sustaita
Hay tradiciones que se heredan generación tras generación y el Día de Muertos en México es una de ellas, pues a pesar del tiempo hay quienes buscan conservar la esencia de dicha celebración, reconocida a nivel internacional, como la familia de Doña Toña, originaria de la comunidad de Estanzuela en el municipio potosino de Mexquitic de Carmona, quien es reconocida en la zona por su pan de muerto, elaborado de manera tradicional y cuyo sabor y originalidad atrae a decenas de vecinos y visitantes para su degustación.
“Yo me llamo Antonia Blanco, de aquí de Estanzuela, Mexquitic de Carmona en San Luis Potosí (…) Este es el pan de muerto, el verdadero, porque no lleva levadura de tienda, es levadura hecha con el pulque, royal y la harina, todo se bate, esa es levadura que uno prepara, todo es original”.
Doña Toña, como se le conoce en su comunidad tiene alrededor de 30 años elaborando pan de muerto, con una receta heredada desde antes de su madre, pues en México no hay celebración que no se acompañe de la diversa gastronomía y la que honra a aquellos que ya no están entre nosotros no podía ser la excepción.

“Aquí toca el día 3 (de noviembre), en Mexquitic el día 2, en Ojo Zarzo el día 4 (…) Llevar las flores, las coronas que les hace uno a sus las cruces de sus difuntos y este hacer una comida en la casa, festejar a los fieles difuntos el día dos, ponerle su mesita el día último de este mes, su veladora, su agüita, su copal y toda su fruta y todo lo que se le pone a la mesita, los tamales, el mole, la calabaza con dulce camote, canela anís, una calabaza especial”, explicó sobre cómo se vive la celebración.
La elaboración del pan de muerto es una tradición para su familia que involucra a la mayoría de sus integrantes y espera que sus hijas, quienes son las principales encargadas de ayudarle mantengan viva esta tradición.
“Sí, no, yo sola no iba a hacer nada. Bueno, empezamos por la hornera Karina y batir la harina, también este José Guadalupe y Yadira, Carolina, Angélica y Cuca, son las que más trabajo llevan porque yo nomás las veo (…) Espero en Dios que sí, ellos la sigan, mis hijas, que ven cómo se hacen las cosas, ojalá los hagan, que sigan adelante también para que vayan viendo cómo se gana un cinco y en casa, porque es en casa”.

Además del cariño con el que se elaboran las piezas del pan, la receta familiar de la cual Antonia Blanco se reserva algunos ingredientes, ha cautivado a las personas que ya la conocen y que acuden en fechas cercanas al Día de Muertos a realizarle pedidos de decenas, e incluso centenas de piezas, pues la elaboración se hace desde cero.
“Empezando desde hoy, principalmente hervir el piloncillo con anís, canela, hervirlo bien, comprar el pulque, preparar la levadura y en la noche batir la harina con todo, con la levadura con la esta miel y ya dejarlos unas horas de reposar y empezar a hacer el pan un delicioso pan (…) de la leña es este nopal seco nos acostumbramos con él y con eso se cose y de lo demás, la leche nosotros le decimos barnizarlo. Nosotros solitas, le pusimos que con huevo, pero no me gustó con huevo, no le digo mejor, le echamos lechita a ver cómo queda y quedó bonito y agarró sabor”, dijo finalmente de forma sonriente.


