Lo que debería ser una marcha pacífica de estudiantes y familiares de víctimas de la delincuencia se convirtió en un circo político.
Lo que debería ser una marcha pacífica de estudiantes y familiares de víctimas de la delincuencia se convirtió en un circo político cuando la “todóloga” Natalia Castillo se asumió como líder de la movilización, robándole la voz a un grupo de estudiantes universitarios, compañeros de Salvador, asesinado el pasado mes de agosto, y de Zahíd, el menor que resultó lesionado en un ataque con arma de fuego.
Una protesta legítima, nacida del dolor y la exigencia de justicia de una familia, terminó siendo aprovechado por personajes controvertidos que han convertido cualquier escenario de indignación social en una plataforma para lanzar consignas contra el actual gobierno.
Entre ellos aparecen Natalia Castillo y Xóchitl Tolentino Alonso, quienes, lejos de limitarse a acompañar las legítimas demandas de las víctimas, parecen empeñadas en colgarse de cualquier acto mediático para presumir una supuesta labor de apoyo, mientras aprovechan el descontento social para impulsar sus propios intereses y los de un grupo político con el que mantienen afinidades.
Y si algo llamó la atención durante la transmisión de la marcha fue que la propia Natalia Castillo parecía no tener claro hacia dónde se dirigía la movilización. Una escena que resulta, cuando menos, cuestionable: ¿cómo puede asumirse como alguien que apoya de una protesta si ni siquiera conoce con claridad el rumbo del movimiento?
La indignación crece cuando personajes ajenos al origen de una protesta terminan colocándose al frente de quienes atraviesan una tragedia. Porque una cosa es acompañar a las víctimas y otra muy distinta es utilizar su dolor como escaparate político.
La marcha era de los estudiantes, de las familias y de quienes exigen justicia. El protagonismo, sin embargo, terminó siendo de quienes vieron en el dolor ajeno una oportunidad para levantar su propia bandera política.


