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Actualmente, la marca beneficia a 30 familias a quienes se les paga valorando sus técnicas y tiempo que le dedican a los productos

Por Redacción

Las manos mexicanas han tenido a lo largo de la historia la habilidad de elaborar objetos a través de técnicas ancestrales; las artesanías representan la identidad comunitaria de un pueblo que pasa de generación en generación y que perdurará al pasar del tiempo, pero desafortunadamente en México no son valorados lo suficiente.

Zayra Corzo, oriunda del estado de Chiapas y dueña del proyecto Moda Artesanal Corso, impulsó su negocio a fin de reconocer a artesanos mexicanos.

Comentó que su idea inició hace 24 años cuando salió de su natal Chiapas y se fue a vivir a Chihuahua, entidad en la que descubrió que los trabajos de artesanos del pueblo Rarámuri no eran reconocidos ni pagados de manera justa.

“Mi hermana estudió ingeniería ambiental, ella y yo empezamos el proyecto vendiendo ámbar de Chiapas, pero después hablamos con los artesanos, les dijimos que queríamos apoyarlos, trabajar con material de calidad y que fueran remunerados justamente”.

La empresaria mencionó que después de 14 años de trabajar con el pueblo Tarahumara, llegó a San Luis Potosí donde ha residido por 10 años y donde formalizó su marca.

“Con la tienda llevamos cuatro años, hemos exportado producto, lo que nosotros queremos y buscamos es que se valore lo artesanal y pagarles de acuerdo a las horas de trabajo, hay productos que tardan de seis meses a un año para ser elaborado”, dijo.

Zayra Corzo informó que con su proyecto se beneficia a 30 familias artesanas a quienes se les paga lo que vale su trabajo, además enfatizó que durante el período más crítico de la pandemia por COVID-19 no se dejó de trabajar e incluso se lanzaron productos como cubrebocas bordados y artículos personalizados.

Con respecto al fenómeno de malbaratar productos artesanales, mencionó que cada vez se avanza en ello y los clientes aceptan que los productos son “hechos en serio y no en serie (como en las fábricas), la verdad si son muchas horas, me he puesto a bordar y termino con mis ojos muy cansados, eso es lo que la gente no aprecia”.

Lamentó que las personas, muchas veces prefieren pagarle a tiendas departamentales que a artesanos, lo que consideró injusto, ya que impacta su economía.

En el tema de la piratería en productos artesanales, consideró que afecta negativamente e incluso recordó que existen marcas internacionales acusadas de plagio, por lo que obligan a artesanos a registrar sus técnicas como patrimonio cultural de México que fue el caso del bordado de Tenango de Doria.

 

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