La salud, la fortuna, la protección de las almas; son las peticiones más recurrentes de la temporada.
Por: Azdruval Vélez Hernández
El calendario agota sus hojas y, con ello, el tejido del espacio-tiempo experimenta una vibración distinta, no es simplemente un cambio de cifras, sino que representa una fractura en el velo que separa lo tangible de lo sutil.
En esta transición, donde la humanidad busca respuestas que los aleje de la incertidumbre, la figura de José Alberto emerge como un puente entre mundos.
Santero de linaje gitano, “Beto” custodia saberes antiguos que hoy cobran una relevancia mística bajo el peso del fin de año.
Durante estos días, las peticiones en su altar no saben de descanso.
“Llegan a pedir para la abundancia, para un cambio de trabajo, energía laboral, que la energía de su casa no se deteriore. Una cosa que sucede cuando la energía de tu casa se deteriora es que empiezas a ver diferentes cosas que se te hacen normales, y con el tiempo te das cuenta de que te dañaron el aura, muy diferente a una persona dañada espiritualmente, para eso se hacen las oraciones, el amuleto espiritual”.
El cierre del año es un campo de batalla invisible.
Mientras el bien intenta consolidar sus pasos, las fuerzas opuestas buscan a toda costa frenar su progreso.
Es en esta temporada que la dualidad del cosmos se intensifica, y los amuletos se convierten en herramientas de resistencia frente a las sombras que acechan el amanecer.
“Tanto el mal existe, no quiere que prosiga el bien, sí se mueven muchas cosas energéticas, tanto buenas y malas en estos tiempos (…) como existe el bien, existe el mal, lo que me piden más son cosas buenas para salir adelante, así como oraciones a los enfermos, y toda clase de amuletos”.
Uno de los mayores velos de ignorancia que envuelve la espiritualidad contemporánea es el vínculo erróneo entre la Santería y la Santa Muerte.
José Alberto es enfático sobre este tema: la Santa no encarna la maldad, sino el destino final.
“Ella, al final de cuentas, es el destino, nos tiene que llevar, las personas le tienen miedo y pavor al momento de ver su imagen porque así lo ha transmitido la gente, ella no es mala, simplemente la gente la trabaja para lo malo (…) la gente le tiene miedo por todo lo que se ha promovido de ella, pero, dentro de la religión se sabe que no es mala, al contrario, te ayuda en todo… nada más que la gente no lo ve”.
Mientras que los santos tradicionales ofrecen milagros específicos, la Santa Muerte se posiciona por encima de las etiquetas religiosas.
Ella representa el punto de convergencia de todos los credos… el destino que aguarda a cada alma.
“La de la misericordia, la de la abundancia, la de la inmaculada concepción, la que sirve para abrir caminos. Aquí puedes encontrar diferentes ayudas (…) Aquí, ella está presente en diferentes religiones a través del tiempo, eso solo sucede con ella, los diferentes santos nunca van a cambiar y siempre serán los mismos, van a hacer diferentes magias, pero, ella siempre va a ser ella, desde el principio hasta el final”.
En el umbral de año nuevo la búsqueda de protección es vital.
La mirada de José Alberto explica que el rito se transforma en una necesidad de equilibrio.
El tiempo fluye, el espacio se renueva y, entre oraciones a los enfermos y el humo del incienso, la esperanza de un nuevo comienzo se aferra a la fe en lo invisible.


