Esta practica está llena de simbolismos, pues el objetivo principal es representar la traición de Judas Iscariote a Jesús por medio de figuras hechas de cartón y papel maché, principalmente.
Por Jazmín Viramontes
La Quema de Judas es una tradición mexicana que sigue transmitiéndose de generación en generación, está llena de simbolismos y tiene como objetivo representar la traición de Judas Iscariote a Jesús y, a su vez, la purificación y el triunfo del bien sobre el mal, en San Luis Potosí varias colonias mantienen viva esta tradición.
Esta tradición tiene sus raíces, de acuerdo con los historiadores, en una costumbre de origen turco que se extendió por la península ibérica durante la ocupación árabe hasta el siglo XIV y llegó a tierras mexicanas junto con los españoles en el siglo XVI. Inicialmente, consistía en prender fuego a figuras de diablillos, simbolizando la purificación del espíritu y del cuerpo a través del fuego. Sin embargo, en México, los frailes utilizaron la representación de Judas Iscariote, quien traicionó a Jesús por unas monedas, para simbolizar la purificación de los pecados.
Representa el triunfo del bien sobre el mal. En su forma más común, la figura quemada es un diablo, pero en años recientes, también se han utilizado muñecos que representan políticos, artistas o personajes populares. Las figuras están elaboradas principalmente con cartón y papel maché.
El ritual comienza con la lectura del testamento de Judas, un texto satírico que enumera los “pecados” del personaje y las “herencias” que deja a los presentes. A continuación, se coloca la figura de Judas en un lugar elevado y se le prende fuego mientras la gente baila, canta y lanza cohetes.
Para muchos, la tradición de la Quema de Judas, más allá de su significado religioso, es una expresión de la creatividad, el humor y la sátira del pueblo mexicano.


