¡Se está quemando la Sierra!, fue el primer llamado de auxilio que se escuchó de los pobladores del municipio de Villa de Guadalupe, el pasado 15 de marzo, sin embargo, su voz de alarma no causó eco en las autoridades.

Al día siguiente, 24 horas de que había comenzado el siniestro, por fin, las autoridades se reportaron, ese día, se les pidieron aviones para tratar de apagar la Sierra, pero la indiferencia creció, como las llamas que a su paso quemaban todo lo que se encontraban.

Así lo narró Don Prisciliano García, un lugareño cuya experiencia se denota en sus canas, y que pese a los años aseguró que nunca había vivido algo así, con el rostro cansado después de más de una semana de estar trabajando en la Sierra, él afirma que las autoridades se habían comprometido a atacar el fuego, pero se quedó en promesas, nunca llegaron.

Sabemos que es un pulmón que tenemos aquí en el municipio. (…) No había de respuesta por parte del Gobierno Estatal, porque aquí se les pidió al principio si nos podían apoyar con aviones para que echaran agua arriba de la sierra, porque está muy difícil para la gente, lo cual se dijo que sí en un principio, se buscaron hasta los puntos donde iban a atacar, pero no vinieron”.

Si a la indiferencia del gobierno estatal se le suma que en el municipio de Villa de Guadalupe no se tienen una Unidad de Protección Civil, estaban fritos, estaban solos, ellos con el fuego.

Policía municipal es quien hace las labores de Protección Civil, (…) estamos en puerta de gestionar el cuerpo de emergencias”, reconoció la secretaria General del Ayuntamiento de esta demarcación, Nivardi Cecilia Ledezma Flores.

La intención era no dejarlo avanzar a las poblaciones más cercanas, era evitar que los animales como los venados murieran, era adentrarse a la sierra aunque se tuviera que caminar por largas horas, aunque se pareciera que las piernas no aguantaban antes de llegar, pero las ganas y el deseo de conservar su patrimonio les daba un nuevo aire para seguir adelante.

A partir de ese día en que se dieron cuenta que estaban solos, pobladores de Villa de Guadalupe decidieron tomar palas y picos y combatir el incendio, algo que representó para ellos un reto, pero también unas ganas enormes de no permitir que se muriera su campo, sus animales, su vida.

UN LARGO CAMINO

Para poder llegar al punto en el que se encuentra el incendio, los brigadistas tenían que hacer un recorrido de 4 horas a pie.

Muy temprano antes de que saliera el sol, se juntaban en la plaza principal de Villa de Guadalupe, ahí esperaban a que los llevarán en una camioneta, ya que debido a las condiciones del camino es difícil llegar a los campamentos que han establecido los brigadistas.

Tras un viaje de cerca de una hora entre caminos de matorrales y terracería, en el que las piernas se tensan con facilidad por los constantes movimientos generados por el entorno, los vehículos se detienen en varias ocasiones ya que el viento abrazaba con una capa de polvo, lo que impide la vista por algunos segundos desde cualquiera de las direcciones.

El primer campamento se ubicaba en El Potrero, llegando a Capulín rumbo al camino de Estanque del Refugio, desde ahí se observar al menos dos columnas enormes de humo.

En este sitio los brigadistas se acercan a las camionetas que llevan a diario aguas, sueros, distintos tipos de comida para calmar el desgaste entre los voluntarios, entre ellos se encontraba don Roberto Obregón, quien dijo que todos los días salen desde las cuatro de la madrugada rumbo a las áreas incendiadas, llevan más de una semana así, pero para ellos el ánimo no decae, hay que seguir y buscar que el fuego no brinque hacia donde están ellos y los pobladores.

Estamos checando que no se vayan a brincar hacia este lado, hace dos o tres días hemos estado pidiendo el apoyo de una máquina grande, una máquina de cadena de las grandes, y de otro tipo de ayuda de la gente de la comunidad”.

Del campamento donde se encuentra Don Roberto, tienen que caminar cuatro horas para llegar al punto exacto del incendio, el objetivo es evitar que no se reaviven las llamas, aunque el viento de los últimos días le había jugado en contra, lo que no les ha permitido que se extinga por completo.

“Estaremos hablando de llegar en cuatro horas caminando, ya prácticamente se quemó todo esto de la sierra de aquí abajo, ahorita nada más estaremos cuidando atrás de la lomita, que, si reaviva el fuego, hay que atacarlo. (…) Necesitábamos ayuda de helicópteros, de maquinaria, porque con el puro camino, hablamos de tres o cuatro horas para llegar, uno pues ya está cansado”.

Al dejar el primer campamento los pobladores caminan otros 40 minutos entre matorrales, caminos complicados, cargando sus palas y picos, agua en la espalda, cubriéndose la cabeza con un pañuelo o lo que encontraran, donde hicieron una nueva parada ya que se encontraba un grupo de voluntarios que realizaban la brecha de la zona.

Ahí se encontraba Don Damián Hernández Alemán, juez auxiliar de Tanque El Refugio de Villa de Guadalupe señaló que el fuego se localizaba a poco menos de un kilómetro de su casa, lo que ha puesto en jaque a 60 familias en la zona, que temen por sus animales y pertenencias.

“Está llegando a una familia la lumbre, y estamos llegando a otro municipio en una parte de Sierra que se está trasladando a otros ejidos. (…) no hay horario, a las horas del fuego le hacemos la lucha, pala y talacha”.

En este punto del recorrido trabajan entre 60 o 70 personas quienes se mantienen en el trabajo de las brechas para evitar que se extienda a la zona boscosa, ya que consideraron si ocurriera esto tendría consecuencias catastróficas.

“Le está afectando a medio kilómetro, de hecho, hasta el ganado ya lo tienen cerrado porque hay peligro, (…) yo creo que si hay especies que ya están quemadas”.

Don Damián narró que en una de las áreas un grupo de venados corría para protegerse del fuego, sin embargo, al ver a las personas y posiblemente por el miedo y la confusión regresaban a las llamaradas para un trágico final, esta no fue la única especie que ellos vieron morir quemadas por las voraces llamas, gallinas, conejos y hasta caballos que fueron seriamente afectados.

En ese duro combate al fuego en la Sierra los pobladores y brigadistas tiene que protegerse unos a otros, porque con los talachitos, como lo nombra don Damián es difícil mantenerse alerta.

“Los que van cooperando momentáneamente, los que traen agua, los que traen talachitos, otros se protegen unos con otros, que ya se hace mucha lumbre, que muévete para acá porque te va a agarrar el aire, y así se le hace la lucha, del modo que sea”.

Al dejar esa área de los pobladores avanzan cerca de hora y media a pie para llegar a uno de los costados de El Astillero, para ese punto el olor a humo ya se había familiarizado tanto en el entorno que podía resultar imperceptible hasta cierto punto, la espesa nube hacía algunos puntos nebulosos, desde ahí se observaban algunas llamas que se resistían a ceder.

Ahí ya es una lucha cuerpo a cuerpo con el fuego, son horas de estar tratando de apagarlo, el avanzar unos metros para ellos es un triunfo, es salvar su tierra, sus animales, sus casas, no importan el cansancio, no importa recorrer el mismo camino de regreso a casa, otras cuatro horas más, aunque ahora con el desgaste físico que se lleva acuestas luego de un largo día de trabajo, hay que regresar al día siguiente a pelear con las llamas.

IMPOTENCIA Y CORAJE

Fue apenas el pasado martes 23 de marzo, y luego de que los pobladores de la región comenzaron a manifestarse cerrando carreteras, que el Gobierno del Estado, volteo a ver lo que pasaba en sierra del Altiplano.

Los habitantes de la región desesperados con cartulinas en la mano pedían apoyo a las autoridades.

El miércoles 25 de marzo, el Gobernador del Estado, Juan Manuel Carreras López y un grupo de funcionarios públicos con sus camisas relucientes blancas que contrataban con la ropa llena de humo y polvo de los pobladores que luchaban con el fuego en la Sierra, se encerraron en el cuartel de la Guardia Nacional a analizar la situación, bajo la sombra de un techo.

Lo que no se esperaba el gobernador es que hasta allá los pobladores lo buscarían y le manifestarían lo decepcionados que estaba de su gobierno, una palmadita en la espalda, fue la única reacción del gobernador.

Ahora sí, una semana después de que inicio el incendio se comenzaron a ver los helicópteros con agua, esos que pedían a gritos los pobladores al inicio.

“Ya vemos que por ahí andan los helicópteros, pero pues bueno, está muy bien, nada más que ya después de quemarse la mayor parte del patrimonio que tenemos aquí”, abonó Prisciliano García.

LA INDIFERENCIA QUE ACABÓ CON EL PATRIMONIO

El incendio en la Sierra del Altiplano hasta el momento ha arrasado con miles de hectáreas, y decenas de especies tanto flora como fauna, incluso algunas comunidades tuvieron que desplazarse a lugares seguros, camino abajo, pues el fuego peligraba sus hogares.

La indiferencia también quema, el no escuchar el apoyo de los lugareños al inicio del siniestro ocasionó que el fuego terminara con todo a su paso, el actuar una semana después trajo desesperación e impotencia, aunque un deseo enorme de salvar su vida, de salvar su campo.

 

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