El fin del “califato” en Siria

Las fuerzas aliadas de Estados Unidos en Siria confirmaron el sábado la derrota total del ISIS en el país, tras liberar el último bastión que ocupaban los integrantes del Estado Islámico, marcando así el fin del “califato” que el grupo había forjado en gran parte de Irak y Siria desde el 2014.

Una guerra de casi ciento años que devasto ciudades y pueblos del norte de Siria e Irak, llegó a su fin en Baghuz, una aldea del este de Siria. Miles de personas huyeron del territorio y cientos murieron.
Las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) levantaron su brillante bandera amarilla sobre su casa en la que los milicianos izaron una vez su famosa bandera negra. Con un campo de batalla destrozado, sembrado de trincheras y cráteres de bombas y lleno de carpas quemadas, restos retorcidos de vehículos quemados, explosivos no utilizados y unos pocos cadáveres.

“Baghuz es libre y se ha logrado la victoria militar contra Daesh”,

Tuiteó Mustafa Bali, un portavoz de las FDS, en referencia al grupo por su acrónimo en árabe.

Sin embargo el final esperado puede ser solo el comienzo de una nueva generación terrorista.

El jefe militar de la coalición internacional contra el Estado Islámico, advirtió “El ISIS espera mejores tiempos para volver a emerger”, tras la caída del último bastión yihadista en Siria.

La advertencia del responsable militar de la coalición internacional, difundida la noche del sábado, se produjo horas después de que el ISIS perdiese su reducto en Baguz, en la frontera oriental de Siria con Irak, a manos de las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), integradas por milicias kurdas y árabes. Era la última porción de los más de 110.000 kilómetros cuadrados que llegó a controlar en 2014 entre Siria e Irak.

“La lucha contra el Daesh [acrónimo árabe para el ISIS] y el extremismo violento está lejos de haber terminado”, reconoció el teniente general LaCamera. “No nos equivoquemos. Están reservando fuerzas y han hecho cálculos para mantener a sus combatientes y su capacidad militar”, subrayó el comandante de la coalición liderada por Estados Unidos, “ocultándose en campos de desplazados internos o en áreas remotas”.

Cientos de bombardeos aéreos de la aviación internacional han apoyado durante cinco años el avance contra el yihadismo de las tropas gubernamentales en el noroeste de Irak y de las milicias kurdas y de sus aliados en el noreste de Siria. Solo en la batalla de Baguz, que se ha prolongado desde finales del año pasado, han muerto unos 1.600 yihadistas, 750 milicianos de las FDS y más de 630 civiles, según un recuento del Observatorio Sirio para los Derechos Humanos, ONG que cuenta con informadores sobre el terreno.

Las FDS capturaron a decenas de yihadistas que habían permanecido ocultos en los túneles excavados en un acantilado junto al río Éufrates. Según confirmó a France Presse Jiaker Amed, un portavoz de las milicias kurdas Unidades de Protección del Pueblo (YPG), aliadas de Washington, los últimos miembros del Estado Islámico se entregaron tras “haber pasado la noche escondidos”.

 

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