Un día como hoy pero de 1977, falleció “El Rey”, cuya imagen rebelde lo convirtió en ídolo de la juventud y en leyenda del Rock and Roll a nivel mundial.

Desde que se separó de Priscilla Presley, en octubre de 1973, la vida de Elvis Presley fue barranca abajo. Cuando no andaba metido en giras extravagantes e interminables, compraba coches, joyas o vivía encerrado en su mansión hipotecada de Graceland, donde leía libros sobre artes marciales y espiritualidad sentado en su inodoro tamaño trono.

Todos los días iguales, siempre sumergido en su burbuja de guardaespaldas y sirvientes que lo asistían para cualquier cosa. La llamada Mafia de Memphis no era otra cosa que amigos que se peleaban por estar cerca de El Rey del Rock and Roll y de su bolsillo.

A los 42 años, Presley tenía un paquete de enfermedades que arrancaban en el aparato digestivo y podían llegar a desembocar en unos 150 kilos. No eran extrañas sus internaciones periódicas. Se había transformado en un producto de consumo morboso. Le detectaban arritmias seguidas de problemas cardíacos e intestinales. Las noticias reportaban sus “crisis hipertensivas” y los médicos, cada vez más consultados cuando se trataba de Presley, informaban que hasta el glaucoma tenía directa relación con su mochila de problemas de salud.

El 15 de agosto, Elvis se levantó a las cuatro de la tarde, no era una siesta, vivía en estado de jet lag permanente. Lisa Marie de 9 años, su hija, estaba pasando un par de semanas con el Rey. A eso de las 2 de la madrugada llamó a su médico de cabecera, el “doc” George Nichopoulos, por un dolor estomacal, este le mando una bolsa de medicamentos.

“Voy a leer al baño”, anunció, era la hora del café con leche. Un investigador médico que estuvo en la escena sanitaria describió un baño tamaño habitación con inodoro confortable “como un trono de color negro”. Enfrente, un televisor, dos teléfonos, sillones y “ducha circular de tres metros de diámetro con una silla de vinilo en el centro”.

Ginger Alden, su última conquista, andaba por la mansión, se desentendió haciendo un par de llamadas, hablando con su madre, hasta que de pronto advirtió que Elvis no había salido de un lugar donde podía pasarse horas, la mujer golpeo a la puerta sin recibir respuesta.

Entró y según un cruce de testimonios que coinciden, Elvis “estaba tirado en el suelo, con el pantalón pijama brillante en las rodillas y la cara hundida en un charco de vómito”. Su hija la pequeña Lisa Marie lloraba al encontrar a su padre así; el parte fue categórico: “Elvis había sufrido una sobredosis”.

Un informe del laboratorio determinó que se encontraron 14 fármacos distintos en su cuerpo, diez de ellos en cantidades industriales. En una investigación posterior se supo que se habían recetado alrededor de diez mil dosis de medicamentos a nombre del paciente Elvis Presley.

Han pasado 42 años desde la pérdida de tan emblemática figura, pero el tiempo no ha hecho estragos en su legado musical. Hasta la fecha, el joven de voz tenor y barítono ha vendido más de 250 millones de copias de su discografía, es ícono de la cultura pop y su apodo prevalece, manteniéndolo como “El Rey del Rock & Roll”. 

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