La ciencia y el esoterismo señalan que la depresión de fin de año es un duelo entre la química cerebral y el aura dañada, lo que desafía a la voluntad humana.
Por: Azdruval Vélez Hernández
Una serie de efectos genera con su llegada la transición de un año, el cierre de un ciclo. Uno de los fenómenos más habituales es el del conocido “Blues de la Navidad”, un estado temporal de tristeza que suele estar acompañado de melancolía y ansiedad, a pesar de una expectativa social de alegría.
También conocida como depresión blanca, esta condición es uno de los principales factores que intensifican un sufrimiento silencioso, lo que el esoterismo interpreta como una lucha contra la inercia del ciclo que muere, y que tiene su máxima expresión en las muertes autoinfligidas.
“Aquí cuando pasa eso es porque las gentes han sido dañadas espiritualmente… también cuando hay cuestiones de pareja, o familiares. Agarran sentimientos con otras personas y se sienten diferentes, y eso conlleva a cosas que se van hilando hasta que toman esa decisión”. (José Alberto, Santero).
Si bien la ciencia explica que existen condiciones multifactoriales que inciden sobre el suicidio, estas evidentemente se vinculan con la depresión, la enfermedad del alma que encuentra en el cierre de año el escenario perfecto para su manifestación más cruda.
“Hay estudios muy importantes, sobre todo en Europa, que incluso tienen que ver con el clima. Obviamente cuando hay sol se cuenta con vitamina D constantemente fluyendo y que se limita mucho durante esta temporada, sin embargo, yo me quedo más con el tema de la depresión que puede ser orgánica o social”. (Daniel Casas, Tanatólogo).
El embudo energético que se genera al concluir un ciclo como lo es el de los doce meses del año aunado a la liquidación de cuentas espirituales, para quien se encuentra en depresión, aleja drásticamente la oportunidad de renovación de la que se versa en esta temporada, y se puede convertir en una sentencia.
“Entran a una depresión tan fuerte que no la aceptan como depresión, no quieren ser ayudados y llegan al punto de encontrar la puerta falsa… es por temas de sentimientos, por no lograr lo que ellos quieren… sienten que no avanzan, se hermetizan, se cierran”. (José Alberto, Santero).
“A veces pensamos que la depresión es una tristeza fuerte, la realidad es que no. La depresión es una variación química dentro de nuestro sistema nervioso central (…) La serotonina, la dopamina y la noradrenalina, son tres componentes fundamentales para la elaboración de nuestras emociones, si no existe una buena captura de alguna de estas sustancias lo que va a suceder es que nos estancamos, lo llamamos aplanamiento afectivo, es decir, emociones planas”. (Daniel Casas, Tanatólogo).
La ciencia y el esoterismo identifican perfectamente la causa principal de este trastorno emocional o mental, sin embargo, no pueden detener por sí solos el avance de esta sombra si el individuo no cuenta con un respaldo, ya sea en la realidad o en la fe.
Mientras la medicina señala el desbalance de los neurotransmisores y el misticismo apunta hacia el deterioro del aura, ambas visiones convergen en un punto ciego, la voluntad humana.
“Estás triste y alguien te dice que vayan a un baile, o al cine, o a hacer algo que te gusta y vas a liberar estas sustancias químicas de forma natural… ya liberaste la sustancia y te cambia el estado de ánimo, pero, una persona que está en un proceso depresivo no podría hacerlo”. (Daniel Casas, Tanatólogo).
“Hay formas de ayudar, se le puede hacer oraciones, oraciones para exorcismo, para purificar el cuerpo, oraciones para unir el aura y se limpien los chacras… Con la ayuda de Dios todo se puede, pero, muchas personas tienen miedo de abrirse mentalmente ante las personas”. (José Alberto, Santero).


