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AMLO: 10 en repartir riqueza, reprobado en generarla | Columna de Edgar Santillana

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01/02/2019

Tiro al blanco.

Por: Edgar Santillana

Desde la campaña, López Obrador anunciaba un ambicioso proyecto de política social, encabezado por un sinfín de programas asistencialistas para diferentes sectores de la población. Desde luego algunos de ellos necesarios y, hasta cierto punto, plausibles; no obstante, se suman otros carentes de sustento y claramente innecesarios.

El plan asistencialista de AMLO es tan grande como preocupante, pues para poder llevarlo a cabo se requieren una gran cantidad de recursos, algo sin precedentes en este país. Es justo ahí donde el panorama se vuelve inquietante, pues para poder lograr sus grandes promesas de campaña, el jefe del Ejecutivo se ha dedicado a ahorrar, recortar y vender.

POR PARTES.-

Todo empezó con la cancelación del NAICM en Texcoco, donde dicho sea de paso, salió más caro el remedio que la enfermedad. Luego siguió la puesta en venta del Avión Presidencial, ese que no tenía ni Obama. También se han puesto en venta toda la flotilla de aeronaves y vehículos blindados del extinto Estado Mayor Presidencial y que estaban a disposición del Presidente.

Además se han hecho grandes recortes, mismos que han propiciado la desaparición de diferentes organismos como el Instituto Nacional del Emprendedor, Pro-México y el Consejo de Promoción Turística, por mencionar algunos; esto se suma al fuerte recorte al INEGI que no permitirá medir, entre otras cosas, la eficacia de las estrategias del Gobierno en algunos rubros… muy conveniente. También se han cancelado varios programas de gobierno (destapan un hoyo para tapar otro), se han hecho despidos masivos y se han eliminado prestaciones para trabajadores y, ojo, no solo para los altos funcionarios.

Con todo lo dicho anteriormente, una cosa es clara. El gobierno de López no tiene una ruta definida, “avanzan” de acuerdo a las ideas u ocurrencias que surgen dentro de la carrera de “a ver quién ahorra más” en la que Obrador ha puesto a todos sus secretarios y subordinados.

Y es que ni con todo lo vendido, con todo lo recortado y con todo lo desaparecido, alcanza para mantener un plan de asistencialismo con las características que plantea López. El Gobierno de Andrés Manuel no se ha puesto a medir la viabilidad y rentabilidad de sus proyectos y se han dedicado a buscar dinero donde sea que este se encuentre.

Haga usted de cuenta que se trata de aquella familia que no cuenta con los recursos para realizar una fiesta de quince años, pero como es la ilusión de su amada hija, hacen hasta lo imposible por lograrlo. Para evitar endeudarse (lo que no siempre logran), venden lo que tienen de valor en su casa, cancelan el viaje para ver a los abuelos, y hacen todo por ahorrar, incluso quitarse un taco de la boca. Al cabo de unas horas tras la fiesta, lo que queda es una familia con su economía por los suelos, situación de la que difícilmente saldrán… todo por un capricho.

Algo muy parecido sucede con este Gobierno Federal. Quizás, en un principio, puedan echar a andar los programas anunciados. Quizás los mexicanos beneficiados mejoren un poco su calidad de vida. Pero, cuando ya no haya qué vender, cuando ya no haya más que recortar ni organismos qué eliminar, ¿cómo se costearán esos programas?

Hay de dos: llegará el momento de endeudarse, con lo que otra vez saldrá más caro el remedio que la enfermedad (la constante en esta administración); o bien, se tendrán que cancelar esos programas y, con ello, llegará un costo político grave por el descontento popular.

De esas dos, y tomando en cuenta la necedad que caracteriza AMLO y su afán por mantener su nivel de aceptación, lo más viable es que opte por mantener esos programas a toda costa, la cuestión es ¿cómo? Ahí radica lo preocupante, lo potencialmente grave.

Esto, sin mencionar la caída en el pronóstico del crecimiento económico de México, la desconfianza de inversiones (sobre todo extranjeras) por las políticas extremas de López Obrador y toda la incertidumbre que ha generado respecto a la economía de nuestro país.

REMATE.-

En resumen, no se trata solo de repartir riqueza al por mayor, eso es sumamente sencillo, sobre todo, cuando es ajena. Lo realmente importante es generarla, e incluso, esto debe ser prioridad antes que repartirla.

Aún hay tiempo para enderezar el camino, lo que seguramente falta son ganas por parte del Ejecutivo.

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