Ausencias políticas, espacios sin ocupar y protestas por falta de agua contrastaron con el despliegue preparado para el Segundo Informe del alcalde capitalino.
El Segundo Informe de Gobierno de Enrique Galindo Ceballos terminó dejando una lectura política distinta a la que se buscaba proyectar. En plena conversación sobre sus aspiraciones rumbo a 2027, el alcalde capitalino encabezó un evento de gran producción en la Plaza de los Fundadores, pero con ausencias que no pasaron desapercibidas.
Titulares de los tres poderes del Estado y representantes de primer nivel de instituciones como la Guardia Nacional, Sedena, FGR y Fiscalía General del Estado no estuvieron presentes en el acto.
La convocatoria también mostró contrastes. Mientras previamente se había anticipado la presencia de alcaldes, senadores y dirigentes políticos, durante el informe se observaron espacios sin ocupar y una participación importante de trabajadores municipales y personal del Ayuntamiento.
Entre los asistentes sí aparecieron exfuncionarios y personajes identificados con los grupos políticos que durante años estuvieron al frente del gobierno estatal, principalmente de las filas del PRI y PAN.
El escenario político del informe, sin embargo, tuvo un contrapunto en las calles.
Horas antes del evento, vecinos de distintas colonias bloquearon vialidades para exigir agua potable y reclamar al Interapas y al Ayuntamiento por semanas de desabasto. Los manifestantes cuestionaron que los recibos continúen llegando pese a las deficiencias en el servicio.
Y mientras Fundadores permanecía blindada por un operativo especial, a pocas cuadras se registró un ataque armado contra un hombre, otro hecho que terminó incorporándose al contexto de una jornada marcada por la seguridad.
El informe llegó así en un momento particularmente relevante para Galindo. El alcalde ha comenzado a aparecer en la conversación política rumbo a 2027, y el evento representaba una oportunidad para mostrar respaldo y capacidad de convocatoria.
Pero entre las ausencias institucionales, la asistencia de viejos cuadros políticos, los espacios disponibles y las protestas por el agua, el mensaje visual terminó siendo más complejo que el discurso presentado desde el escenario.
El despliegue fue grande: megapantallas, escenario, producción y un amplio operativo. La pregunta que queda, sin embargo, no está en el tamaño del montaje, sino en el tamaño del respaldo político que consiguió reunir.
El Segundo Informe de Galindo terminó, así, convertido también en una fotografía de su momento político rumbo al 2027.


